El valor de una idea.
Somos humanos, por lo tanto llevamos con nosotros fortalezas y debilidades, el bien y el mal, la sabiduría y la inocencia y así hasta el final.
Estos días me encuentro en una situación de las que te dan que pensar. En el camino que emprendí ya en junio (parece que fue ayer) he ido creciendo y madurando como personal, como ser social, como empresario y por lo tanto como ser pensante. Si definimos a un ser pensante como aquel que puede tener una idea y desarrollarla, hacerla crecer, convertirla en realidad, valorarla, sopersar los pros y los contras de la misma, este soy yo en la actualidad.
Desde siempre he admirado a aquellos personajes que son verdaderos empresarios o emprendedores, imparables ante cualquier adversidad, capaces de luchar ante cualquier contrariedad y problema que les pueda suergir. Yo, orgulloso, me había llegado a creer uno de ellos.
Pero como ya os he dicho, estos días, dudo de mis capaciedades y habilidades para poner en marcha o continuar desarrolando una idea. Sigo creyendo ciegamete en esa idea, de hecho cuanto más tiempo pasa, más sentido tiene. Lo que me fallan son las fuerzas, el ser incapaz de hacer ver a los demás aquello que yo visualizo tan claramente. Y a continuación me pregunto que valor tiene una idea sin no se puede pasar de la mente de uno al mundo real, a transformarla en algo tangible, a darle una forma que los demás puedan ver aquello que uno ve.
En los próximos días deberé tomar decisiones. Decisiones como nunca antes he tomado. Seguir con mi idea e insistir en buscar la forma de mostrarla al mundo o bien recoger velas y quedarme con ella en el baúl de recuerdos que todos tenemos.
Aunque termine con ella no habrá sido estéril el esfuerzo, por todo lo que he aprendido y lo que he aportado a terceras personas y estas me han aportado a mí.
Si continúo adelante, queda mucho por hacer, pero estoy convencido del éxito de la misma.
Debo tomar una decisión en los próximos días.
